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Las Luces de Iar

Iar y Luz

Los dos nombres del segundo mes del calendario hebreo son Iar y Ziv. Ambos están relacionados con la luz. Iar (אִיָיר) es semejante a la palabra “luz” (אוֹר). Ziv (זִיו), que significa “esplendor” o “brillo”, es uno de los 13 sinónimos de luz en hebreo. Ambos nombres aluden a la luz especial que brilla en este segundo mes del calendario judío.

Tal vez la metáfora más básica para la comprensión de la manifestación de Dios en la realidad es la de la luz. Por lo tanto, con el fin de entender esta manifestación, primero es necesario comprender adecuadamente la luz. La discusión de la luz y su naturaleza en la Cabalá y el jasidismo es profunda y variada. En lo que respecta a las fuentes de luz, se identifican tres aspectos principales.[1] El primer aspecto es la fuente de la luz o la “luminaria” en sí misma (מאוֹר) de la que emana la luz. La segunda es la luz que irradia de la fuente, pero sigue siendo reconocible como proveniente de esa fuente en particular, lo que se llama simplemente “luz” (אוֹר). El tercer aspecto es la luz que, a nuestros ojos, ilumina sin que su fuente sea directamente observable, lo que se llama “brillantez” (זִיו).

Tomemos por ejemplo el sol. El mismo sol es la luminaria. La radiación visible procedente del sol es la luz. Un ejemplo de la brillantez del sol sería la luz del día que ilumina nuestra habitación incluso cuando el sol no está brillando directamente en ella.

Así, el nombre Iar, que se refiere a la luz que emana directamente de la luminaria y todavía puede ser vista como conectada a él. Pero, Ziv se refiere a la expansión de la luz que brilla lejos de su fuente. A medida que continuamos, veremos que el mes de Iar también se sirve de una luminaria, una fuente de luz.

La Casa del Resplandor

Aplicando nuestra nueva comprensión de la manifestación de Dios en la realidad, ahora podemos decir que el nombre Ziv se refiere a la luminosidad que desciende desde el Todopoderoso para brillar en el alma judía, incluso cuando está investida en un cuerpo físico aquí en la tierra. Asimismo, el Ziv, es decir, la brillantez de Dios, despierta en el alma judía el deseo de construir una Casa para Dios en el contexto de la realidad física, que parece estar muy lejos, por así decirlo, de la fuente de luz Divina. De hecho, la Biblia relata que el rey Salomón comenzó a construir el Primer Templo: “En el cuarto año del reinado de Salomón sobre Israel, en el mes de Ziv , que es el segundo mes.”[2] El Radac, rabí David Cordovero, uno de los comentaristas medievales clásicos, explica : “El mes de Ziv es el mes de Iar … y, como los sabios explican, se llama Ziv debido al esplendor de los árboles, es decir, el brillo de las flores y capullos.” Por lo tanto, es en el mes de Iar, el mes del brillo que el rey Salomón comenzó a construir la Casa de Dios.

Los sabios afirman que el fin último de la creación era para que Dios tenga un lugar de residencia abajo, es decir, en nuestra realidad mundana.[3] La palabra hebrea para “mundo” (עוֹלָם, olam) comparte la misma raíz que la palabra “ocultamiento” (הֶעְלֶם, helem), en alusión a la forma en que la realidad mundana la Divinidad oculta. El éxodo de Egipto, en el mes de Nisán (el mes anterior a Iar), significa escapar de los límites de los supuestos mundanos y las limitaciones típicos y la capacidad del alma para percibir el fin último de la creación. Se trata de la renovación general física y espiritual de la conciencia del alma judía. A partir de esta renovación espiritual, en el mes de Iar, el alma está más despierta e inspirada con el deseo de construir una casa eterna de Dios en esta, nuestra realidad mundana.

Iar: El Ascenso de lo mundano

Los sabios refieren[4] que desde el principio de la creación el Creador decretó que la realidad suprema no descendería a la realidad mundana, ni mundano ascendería a lo celestial. Este decreto estaba en su lugar hasta que fue anulado con la entrega de la Torá (en el tercer mes de Sivan). De hecho, encontramos que Dios fue el primero en descender, por así decirlo, “Y Dios descendió sobre el Monte. Sinaí “[5] y, a continuación, “Moisés subió a Dios.”

De hecho, fueron los acontecimientos de los dos meses anteriores, Nisan y Iar que prepararon el camino para la anulación del decreto. En Nisán , durante el Éxodo, “el Rey de Reyes se reveló a su pueblo.”[6] En este caso, lo celestial revelado a lo mundano, pero aún así se mantuvo en su lugar, por así decirlo.

En Iar, nosotros, que estamos en la realidad mundana más baja, nos volvemos muy conscientes de nuestro estado de bajeza. Sin embargo, gracias a esta misma toma de conciencia, al mismo tiempo también somos capaces de percibir el fin último de la creación y ver que el deseo del Todopoderoso, el Tzadik del mundo (Dios es llamado Tzadik en la Torá[7]) es morar específicamente entre lo bajo, y sin lugar a duda “la pasión del tzadik [en este caso, la pasión de Dios en la creación del mundo], Él la cumplirá.”[8] Así, durante Iar, los seres de nuestra realidad mundana poco a poco son refinados para convertirlo en un recipiente adecuado, capaz de recibir la revelación de la esencia de la realidad suprema. Esto se logra por nuestro cumplimiento del precepto de la Cuenta del Omer. De hecho, la palabra para “contar” (סְפִירָה, sefirá) en hebreo, proviene de la misma raíz que la palabra para “zafiro” (סַפִּיר, sapir), una piedra brillante sinónimo de luz centellando desde dentro de la materialidad, aludiendo así al efecto de pulido de la Cuenta del Omer tiene sobre nuestras naturalezas física e innata.

El Omer

La cuenta del Omer se hace en cada uno de los 49 días entre el primer día de Pesaj, el día de la salida de Egipto, y la fiesta de Shavuot, el día en que recibimos la Torá en el monte Sinaí. El primer día del omer es, pues, el día 16 de Nisán, el día en que se recogen los primeros granos en los campos de la Tierra de Israel y se utilizan para hacer una ofrenda especial en el Templo, esta oferta se llama Omer (una cantidad de grano). El primer cereal que madura es la cebada (שעורה, seorá), considerada apta para el ganado, en oposición al trigo que es apto para el consumo humano. Por lo tanto, el omer era de cebada y de forma simbólica apta para rectificar nuestra propia alma animal.

Este es el origen ritual para entender que el foco de los 49 días de la Cuenta del Omer es el alma animal y sus 49 aspectos. Y precisamente en estos días los recipientes de nuestra alma animal se pueden abordar y rectificar por medio de la luz que emana del acto de contar en sí (recordemos que ya hemos señalado la conexión entre el conteo y el brillo). Pero, como veremos a continuación, contar el omer afecta a nuestra alma animal de tres maneras diferentes, que se corresponden con los tres aspectos principales de la luz antes descritos, luminaria, la luz y brillantez.

La Cuenta como una Acción

Contar el Omer es un acto físico. No es suficiente contar el Omer en un calendario o en nuestra mente. Uno tiene que practicarlo (de pie) y pronunciar las palabras. Por lo tanto, cada día decimos una bendición (como lo hacemos antes de realizar cualquier precepto) y recitar la fórmula:

Hoy son tantos y tantos días, que son tantas y tantas semanas[9] y tantos y tantos días[10] del omer.

El conteo requiere que pronunciemos estas palabras con nuestro poder de la palabra.

El Esplendor en la Cuenta del Omer

Ahora bien, en hebreo omer es עֹמֶר, mientras que la palabra “decir” o “expresión” es אֹמֶר, omer. La única diferencia entre estas dos palabras es la primera letra, ע (ain, en el omer) y א (alef, en decir). Estas dos letras alef y ain, que tienen el mismo origen fonético en nuestros órganos vocales,[11] son como la luz (la alef) y el recipiente que contiene la luz (la ain). El ejemplo más explícito de esta relación se encuentra en el versículo, “Dios le hizo a Adán y a su esposa vestidos de piel.”[12] Sin embargo, los sabios relatan que en el rollo de la Torá escrita por el rabino Meir, uno de los más grandes sabios de la época la Mishná, este versículo fue escrito: “Dios hizo a Adán y a su esposa vestidos de luz luz.”[13] En hebreo, “piel” (עוֹר) y “luz” (אוֹר) tienen la misma relación que Omer (עֹמֶר) y “decir” (אֹמֶר). “Piel” comienza con la letra ain y “luz” comienza con la letra alef. La variación de Rabí Meir en este versículo sugiere que si Adán y Eva no hubieran transgredido el mandamiento de Dios de no comer del árbol del conocimiento, su piel habría aparecido radiante, permitiendo que la luz interior del alma se vea luminosamente a través de ella (y por cierto así era antes del pecado original).[14]

Así, al pronunciar la cuenta del omer en cada día, en realidad estamos iluminando el omer, que como hemos visto representa a los rasgos (todavía) no rectificados de nuestra alma animal. Que la cuenta diaria del omer tiene este poder es el secreto del verso: ” Día a día expresa un enunciado (אֹמֶר)…”.[15] El acto de contar día a día, expresa un enunciado que ilumina nuestros rasgos de carácter aun no refinados. Por otra parte, en la Torá, el mandamiento de contar el Omer aparece en la lectura de Emor (אֶמֹר)!

La Luz en la Cuenta del Omer

Hasta ahora hemos visto un lado de la relación entre el enunciado y el omer, pero en realidad existe una relación recíproca más profunda entre ellos. En los escritos del Arizal, “decir” (אֹמֶר) es un acrónimo de “luz” (אוֹר, or), “agua” (מַיִם, maim), y el “firmamento” (רָקִיעַ, rakía). Puesto que Dios creó el mundo con 10 enunciados (עֲשָׂרָה מַאֲמָרוֹת, asará maamarot),[16] la luz, el agua y el firmamento reflejan las tres etapas en la aparición de todas las cosas creadas durante los primeros seis días de la creación.[17] Por lo tanto, una aserción representa las etapas por las que la luz desciende (o se conduce) de arriba hacia abajo.

Pero, notemos ahora que las letras finales de estas tres palabras: “luz”, “agua” y “firmamento”, son mem (מ), reish (ר), y ain (ע), que forman omer (עֹמֶר) dea atrás para adelante! Esto significa que nuestra expresión de la cuenta del omer de cada día estamos atrayendo la luz de lo alto, iluminando el omer, es decir nuestra naturaleza sin refinar. Al mismo tiempo, esta luz descendente hace que el omer mismo ascienda revirtiendo el orden de descenso, desde el “firmamento” a “agua” a “luz” -el orden en que las letras finales de estas palabras forman omer. En Cabalá esto se describe como el proceso por el que se refleja la luz directa, que desciende desde arriba, y vuelve a su fuente. En la práctica esto significa que la luz Divina que ilumina y rectifica nuestra alma animal a través de la cuenta del Omer también se eleva.[18]

La luz que desciende y se refleja arriba a través de la cuenta del Omer es una expresión del “trabajo de depuración” (עַבוֹדָת הַבֵּירוּרִים, avodat habirurim) por el que las chispas de santidad atrapadas dentro de la realidad mundana son liberadas y elevadas (tal como se explica en la Cábala). Normalmente, el trabajo espiritual de depuración no puede elevar lo que está todavía en proceso de depuración. Sólo las chispas Divinas sagradas son elevadas. En otras palabras, lo que era mundano, sigue siendo mundano, y sólo las chispas de santidad que quedaron atrapadas en ella regresan a su fuente celestial. Pero, la luz que desciende por nuestra cuenta del omer no sólo eleva las chispas Divinas atrapadas en el alma animal (al igual que todos los demás preceptos), sino también pone de manifiesto en el alma animal misma, a las chispas de santidad cuya voluntad y deseo es hacer una morada abajo para Dios.

La Luminaria en la Cuenta del Omer

Pero más allá de estos dos primeros niveles, la cuenta del omer, específicamente durante el mes de Iar, también se conecta a una luminaria, una fuente real de la luz. Mientras que en el monte. Sinaí, recibimos el aspecto revelado de la Torá (escrita y oral), la principal revelación de su aspecto oculto es el día 18 de Iar, o como se le conoce comúnmente, Lag Baomer, el día 33[19]de la Cuenta del Omer y la fecha de desaparición de Rabí Shimón bar Iojai (Rashbi), el autor del Zohar. La revelación de la cara oculta de la Torá es la luminaria que ilumina el mes de Iar y toda la cuenta del Omer.

El texto de la Torá es, por supuesto, una y la misma, tanto si nos referimos a su aspecto manifiesto u oculto. Pero, lo qué tiene de especial el aspecto oculto es que fue el instrumento, la interpretación del texto usado por Dios para crear el mundo. Esto se describe en el versículo: “Entonces, yo [la Torá] fui su criatura para Él [Dios], día a día, yo era su delicia”.[20] Los sabios explican que “día a día”, que sugiere dos días, significa que la Torá precedió a la creación por dos días Divinos, que son equivalentes a 2.000 años humanos. Durante ese tiempo, la Torá era como un niño de pecho, como un bebé que todavía es totalmente dependiente y alimentado por su madre, la Torá es esencialmente uno con la esencia de Dios.

En el Monte Sinaí, la Torá, por así decirlo, descendió a lo mundano y se convirtió en la expresión esencial de la voluntad de Dios en la realidad.[21] Sin embargo, el aspecto oculto cuya principal revelación comenzó con Rabí Shimón bar Iojai, nos acerca a la Torá tal como era ante Dios. El conocimiento revelado de la Torá se presenta como la voluntad de Dios, el entendimiento oculto se presenta como una y lo mismo que el deleite esencial de Dios (como un niño de pecho que una madre ama). En el lenguaje del Zohar: “La Torá y Dios son uno.”[22] Por otra parte, se refiere específicamente al entendimiento oculto de que habla el Zohar: “Dios observó en la Torá y creó el mundo.”[23] Es el aspecto oculto de la Torá que revela cómo el texto es el libro de base y el modelo para toda la creación. Como Rashi explica en el primer versículo de la Torá, “El mundo fue creado en aras de la Torá, como está escrito: ‘Dios me adquirió [la Torá] como el comienzo de Su camino, yo soy el primero de sus esfuerzos, desde siempre.’”[24] En la terminología cabalística, la revelación de la cara oculta de la Torá es, pues, la revelación de la Torá primordial.

El Zohar cuenta cómo en su día del fallecimiento, Lag Baomer, Rashbi reveló el más profundo de los secretos de la Torá, el aspecto de la Torá cuyo objeto es el mismo Creador, y no sólo su voluntad revelada. Rashbi ordenó a su estudiante Rabí Aba poner las enseñanzas por escrito, lo que abre la puerta a los secretos de la Torá a ser revelados a todas las generaciones. Por lo tanto, en Lag Baomer, el día 18 de Iar, la propia luminaria brilla en nuestra realidad cotidiana, estimulando nuestra realidad mundana con el poder de la Torá primordial, el instrumento de su propia creación. Sensible a esta revelación, nuestras almas están facultadas para contar el Omer, a perfeccionar nuestra naturaleza material, y a convertirse en un recipiente y morada para Dios en un nivel completamente diferente.

Como Rashbi explicó, la luminaria que brilla en la Torá y se pone de manifiesto por las enseñanzas ocultas lleva consigo la comprensión y la curación, “Su corazón va a entender, va a retornar y será sanado.”[25] Nuestra distancia aparente de Dios a veces puede llenarnos con un sentimiento de desesperación. Al igual que la luz que se ha apartado de su origen, nos sentimos ajenos y separados de nuestra raíz suprema en la santidad y la bondad. Pero, cuando brilla la luminaria, cuando la propia fuente se pone de manifiesto, todas estas dudas se disipan y nuestra sensación de desapego y distanciamiento del Todopoderoso es sanada. Por lo tanto, es específicamente la luminaria revelada en las enseñanzas internas de la Torá que realmente puede hacer de nosotros baalei teshuvá, que regresan fieles a Dios. A diferencia de la teshuvá, el retorno a Dios formulada en la dimensión revelada de la Torá, que exige que primero se cierre la distancia creada por nuestros pecados a través del arrepentimiento, la dimensión interior de la Torá comienza con la revelación de que nunca hubo y hay en la actualidad separación esencial alguna entre el alma y el Creador. La luz, nuestra luz, nunca ha dejado su fuente, y seguimos siendo uno con Dios. En el lenguaje del Zohar: “el pueblo judío y la Torá y Dios son uno!”[26]

Esta comprensión es una de las grandes novedades, revelaciones, y el tema especial de las enseñanzas dek jasidismo, innovando y expandiendo incluso sobre los textos clásicos de la Cabalá. Este profundo conocimiento tiene el poder de llegar incluso a los que están en los niveles espirituales más bajos, aquellas personas que quizá han renunciado totalmente a contactarse con la santidad y llevar una vida inspirada y sagrada. Una vez que la luminaria se ha detectado, podemos resolver cambiar y dedicarnos a nuestro verdadero deseo y del Todopoderoso, a crear para Él una morada aquí abajo: “La luminaria dentro de ella (la Torá) nos transformará a la bondad.”[27]

Cuando la luminaria se pone de manifiesto, la Cuenta del Omer actúa no sólo para elevar las chispas de santidad en nuestra alma animal, sino para transformarla en su totalidad, llevándonos plenamente al servicio Divino. Esto se conoce como el servicio de la unificación (עַבוֹדָת הַיִחוּדִים, avodat haijudim), donde aun la naturaleza innata se revela como deseando sólo lo que Dios desea y para lo cual Dios creó el mundo.

3 Niveles Simbólicos de Luz

Hagamos un resumen de los tres aspectos de luz durante el revelado de la Cuenta del Omer y el mes de Iar en un gráfico,

tiempo

aspecto de la luz

Descripción

Servicio Divino

Lag Baomer Luminaria

(מאוֹר, maor)

fuente de luz servicio de unificación
Iar luz (אוֹר, or) la luz que se extiende desde la fuente servicio de la aclaración
Ziv brillantez (זִיו, ziv ) luz que ilumina muy lejos de su fuente introspección

La luminaria (מאוֹר, maor) refleja la fuente esencial y oculta de la luz. La luz (אוֹר, or) es una revelación de la esencia oculta (próxima a su fuente). El brillo (זִיו, ziv) es una iluminación que se extiende desde la luz que llegando a otra alma alejada, como se explica en el jasidismo. Las iniciales de luminaria (מ), luz (א), y brillo (ז) forman la sigla מֵאז, meaz, que es el secreto del versículo mencionado anteriormente en relación con la Torá: “Dios me adquirió [la Torá primordial] como el comienzo de Su camino, yo soy el primero de Sus esfuerzos, desde siempre [מֵאז].”

Como se mencionó anteriormente, la luminaria representa el servicio del baal teshuvá, el individuo que regresa a Dios, a quien los sabios describen como alguien que puede alcanzar un nivel que incluso los justos perfectos no alcanzan.

La luz simboliza el servicio del tzadik, el individuo justo que se describe como la carroza de Dios en este mundo. De hecho, este es el servicio que está más conectado con el nombre de Iar, ya que Iar (אִיָיר) es también un acrónimo de las cuatro almas arquetípicas que constituyen la carroza Divina: Abraham (אַבְרָהָם), Isaac (יִצְחָק), Jacob (יַעֲקֹב) y Rachel (רָחֵל).[28] Por último, el nivel de brillo es la iluminación de la luz que se extiende incluso a los niveles más bajos de la realidad, haciendo brillar sobre ellos el amor y el cuidado para acercarlos a la Torá.

3 niveles en la Bendición

Cuando realmente contamos el Omer cada noche noche, podemos meditar en estos tres efectos que tiene la cuenta. La fórmula que utilizamos:

Hoy en día es tal y tal día / día, que son tantas y tantas semanas[29] y tantos y tantos días[30] de la cuenta del Omer

-Contiene una clara alusión a cada uno de los tres:

  • Hoy (הַיוֹם, haiom) refleja la luminaria esencial. En hebreo, la palabra “hoy” está formada por la adición de “el” a la palabra “día”, subrayando que se refiere a “el día”, así como luminaria se refiere a la fuente de luz.
  • día (יוֹם/יָמִים, iom/iamim) se refiere a la luz como en el verso, ” Dios llamó a la luz, día”.
  • de la cuenta del Omer se refiere a la brillantez que ilumina la chispa Divina presente en el corazón de cada judío, despertándolo para iniciar el proceso de ascender y crear una morada para el Poderoso en la realidad mundana.


[1] Tania , Shaar Hayichud Veha’emunah cap. 3. Torá Or , Vaierá 14a.

[2] Reyes I 6:1. En la Torá Iar se conoce como “el segundo mes” ya que es el segundo mes después de Nisán, el primer mes del año judío, el mes de la redención de Egipto (aludiendo así a la redención final con la llegada del Mashíaj).

[3] Midrash Tanjuma , Nasó 16.

[4] Ibid, Vaeira 15

[5] Éxodo 19:20.

[6] Hagadá de Pesaj. Maimónides Hiljot Jametz Umatzá 08:04. Ver Rashi a Éxodo 15:02

[7] Deuteronomio 32:4.

[8] Proverbios 10:24.

[9] Por supuesto, después del séptimo día, cuando se completa una semana.

[10] A los 8 días, lo que constituye una semana y un día.

[11] Ambas son letras guturales. Ver también Deuteronomio 21:14 Rambán, donde se dan ejemplos de palabras en las que estas dos cartas son intercambiables.

[12] Génesis 3:21.

[13] Bereshit Rabá 20:12.

[14] Otros ejemplos de la relación alef-ain puede verse en los pares de palabras: la nada (אַיִן) – ojo (עַיִן), ceniza (אֵפֶר)-polvo (עָפָר), vidente (רוֹאֶה)-pastor (רוֹעֶה).

[15] Salmos 19:3.

[16] Ver también nuestros artículos sobre PI y en la tabla periódica de los elementos .

[17] En la terminología cabalística, estas son las tres etapas implícitas involucradas en el secreto de “de la condensación de las luces emergieron los recipientes.”

[18] Por encima e incluyendo el nivel de la fuente misma desde donde la luz de la aserción originalmente descendió.

[19] 33 alude a la palabra “abierto” o “revela” (גַל), cuyo valor es 33, en el versículo, “Abre mis ojos y veré las maravillas de Tu Torá” (Salmos 119:18).

[20] Proverbios 8:30.

[21] Los sabios explican que Moshé tuvo que discutir con los ángeles a fin de que la Torá sea bajada a nuestra realidad mundana. Los ángeles creían que la Torá era demasiado prístina para los seres físicos.

[22] Zohar III, 73a.

[23] Ibíd. I, 134a.

[24] Proverbios 8:22.

[25] Isaías 6:10.

[26] Zohar III, 73a.

[27] Eijá Rabati, Petijta 2. Talmud de Jerusalén Jagigá 1:7.

[28] La carroza Divina descripta en el primer capítulo de Ezequiel se compone de 4 rostros de ángeles. Las cuatro caras son la de un león, un buey, un ser humano, y un águila. Estos cuatro se corresponden con las cuatro sefirot de bondad, rigor, belleza, y reinado, respectivamente. Del mismo modo, Abraham, Itzjac, Iacob y Rajel son las almas arquetípicas de estas cuatro sefirot.

[29]  Por supuesto, desde el séptimo día, cuando siete días hacen una semana, como antes.

[30] Desde de 8 días, lo que constituye una semana y un día, como el anterior.


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Todo Se Puede Arreglar

El 14 de Iaar es conocido como “Pesaj Sheiní”, el segundo Pesaj, que genera otra oportunidad para quien no ofrendó el sacrificio de Pesaj en su momento. “Cada hombre que esté impuro o en un camino alejado para vosotros o para vuestras generaciones y hará el Pesaj para Dios. En el segundo mes, el día catorce”. El Jasidut nos explica que el segundo Pesaj nos enseña el mensaje tan importante que “nada está perdido” (expresión traida en el calendario “Día a Día”, de Jabad). “No hay desesperanza en el mundo en absoluto”, o “si crees que se puede estropear, cree que se puede arreglar”, en la expresión del Rebe Najman de Breslov.

En el Jasidut se explica que este mensaje de la posibilidad de reparar se relaciona con tres situaciones imprefectas y corruptas:

“Impuro Psíquicamente”: La impureza es oclusión e idiotez, la insensibilidad del corazón a los sentimientos buenos como el amor y el temor (incluso a las cosas que la mente puede entender), y la mente cerrada que no capta las palabras de la Torá y la kedushá;

“o  en un camino lejano”: el impuro todavía se encuentra en el sendero de la Torá y los preceptos salvo que está obstruido, pero peor que esto es aquel que se desvió y salió completamente del camino correcto y va por otro camino, un camino lejano;

“para ustedes”: esta palabra, teóricamente innecesaria en este verso, puede enseñarnos acerca de la situación en que la persona se sale del camino recto no sólo por error, involuntariamente, sino intencional y concientemente. Esta es la última etapa de la peligrosa pendiente. Y a pesar de eso no hay que desmoralizarse, lo puede reparar.

A esto hay que agregar un cuarto nivel, porque en el verso está dicha otra expresión: “o para vuestras generaciones”. Esta es la situación de “decadencia de la generación”, no es simplemente que la persona de manera individual se impurificó y se salió del camino, sino que a lo largo de varias generaciones la comunidad en general no se comporta de acuerdo a la Torá a tal punto que esto se convierte en lo normal y aceptado, arraigándose así muy fuertemente. Esta es la caída más terrible, por cuanto que la generación a caído una situación tal que no piensa que algo está defectuoso, “así hacen todos”… y de todas maneras, también de una situación como esta se puede salir, cree que se puede arreglar!

El Secreto de la Paz

La Vida no Vale la Pena sin Paz

En la porción de la Torá Behar, leemos que como consecuencia de observar los años sabáticos y de jubileo, Dios nos promete: “…Y morarás seguro en la tierra…y morarás con seguridad sobre ella.” Esta promesa repetida dos veces, volvemos a verla una tercera vez en el comienzo de la siguiente porción de la Torá, Bejukotai, que a menudo se lee junto con la porción behar: “Y morarás seguro en tu tierra”, y es seguida inmediatamente por la bendición de paz: “Y concederé paz en la tierra.” Rashi pregunta: “Y fueras a decir ‘Tenemos alimento y tenemos bebida, pero si no hay paz son inútiles!’ por esta razón la Torá continúa: ‘concederé paz en la tierra’. De aquí aprendemos que la paz es tan importante como todas las demás bendiciones juntas.” Otra bendición que concluye con “paz” es la bendición sacerdotal. La Amidá, la plegaria principal que repetimos tres veces por día, también concluye con una bendición por paz. Paz es el nexo que conecta todas las visiones proféticas de la redención final y es la consigna universal, hoy todos quieren paz…

Demos una mirada al concepto de paz tal como aparece en el texto hebreo de la Biblia. La palabra hebrea para “paz” es shalom, שלום, Su shoresh (la raíz de tres letras) es shin lamed mem (ש-ל-מ) que también es la raíz de la palabra shelemut (שלמות), que significa “completo”. La idea inicial que obtenemos de esto es que la paz verdadera es una expresión de integridad y depende de ella, un hecho que se contradice absolutamente con la similitud fonética entre “peace-paz” y “piece-trozo”, en inglés. Además, hay otra palabra, shalvá (שלוה) que significa “satisfacción” cuyo shaar (raíz de dos letras), shin lamed, es la misma que la de “paz”. Las dos palabras, “satisfacción” y paz” a menudo aparecen juntas.

Ilusiones de paz

El shoresh de shalvá es shin-lamed-hei, que también tiene una connotación diferente, como en la palabra “ilusión” (אשליה). Existe paz y satisfacción verdaderas y hay una satisfacción que no es más que una tentadora, pero peligrosa, ilusión. Los tratados de paz con los que estamos tan familiarizados hoy en día, no sólo está lejos de expresar integridad (de alguna manera siempre se producen a nuestras expensas), sino que además tampoco producen satisfacción porque diseminan infantiles ilusiones en la mente del público, que eventualmente explotan en nuestra cara, como dice el profeta: “Curaron las heridas de Mi pueblo con desidia, diciendo ‘Paz, paz’ pero no hay paz” (Jeremías 6:14).

Paz y Placer

La paz también se relaciona con el placer espiritual, motivo por el cual, en Shabat que es un día intrínsecamente de placer, nos deseamos “Shabat Shalom”. Para ilustrar el placer inherente en la paz, comencemos considerando la paz que puede alcanzar cada individuo dentro de sí mismo. Dice el Rey David: “No hay paz en mis huesos a causa de mi pecado”. (Salmos 38:4). De acuerdo a la explicación literal, esto se refiere a la compleción física y la buena salud, pero además, la presencia misma del pecado contradice la paz. Tiene que haber paz entre el alma y el cuerpo, y el pecado viola esa conexión.

Por el contrario, una conexión apropiada entre el alma y el cuerpo se describe como “paz en mis huesos [en mi esencia].” Está claro que este tipo de paz no puede ser meramente “un cese del fuego”, sino más bien es una sensación de satisfacción y placer que urge de la armonía interior.

Ahora, habiendo visto lo que significa la paz para nosotros, como individuos, demos una mirada a la paz en la familia. La verdadera armonía familiar es más que un grupo de parientes que no se gritan unos a los otros, o sabiendo cómo manipularse unos a los otros, o incluso teniéndose respeto entre sí. Más bien, la paz familiar es un sentimiento y una sensación placentera de simplemente lo bueno que es vivir juntos. En particular placentero encanto se manifiesta en el precepto de encender las velas de Shabat los viernes al anochecer, que intenta inducir una sensación de armonía y placer familiar en el Shabat. El encendido de las velas refleja la belleza y la alegría de la armonía familiar, cuando los miembros de la familia se miran uno al otro con rostros radiantes rodeados de un manto de luz.

Los tres círculos de paz.

La paz y la armonía familiar se extienden más allá del núcleo cerrado de los familiares cercanos. El pueblo judío entero, “la casa de Israel”, son una gran familia feliz y esperamos que todos los judíos, donde quiera que vivan, vivan todos juntos en paz. Este tipo de paz es por cierto uno de las metas mesiánicas (porque, desafortunadamente estamos lejos de lograrlo). Pero si por un momento imaginamos paz y unidad entre todos los judíos – más y más judíos, de todas las tribus, fracciones y opiniones, viviendo en paz “Todos nosotros, como uno en la luz de Tu semblante” – por cierto sentimos que esta conexión entre todas las almas judías está impregnada con un maravilloso sentimiento de placer.

Obviamente, el objetivo mesiánico no se termina con la paz sólo entre los judíos, sino que apunta más alto, a alcanzar la paz universal. El Mashíaj enseñará al mundo entero cómo hacer la verdadera paz: paz entre el alma y el cuerpo, armonía familiar, paz fraternal, paz entre los judíos y las naciones, y paz entre toda la humanidad. Como el profeta Zejariá dijo del Mashíaj: “Y hablará de paz a todas las naciones, y su gobierno será desde el mar en el oeste y desde el río hasta los extremos de la tierra”. [La palabra “paz” (שלום) aparece explícita en este verso, y en las letras iniciales de las palabras “paz para las naciones, y su gobierno será desde el mar” (שלום לגוים ומשלו מים).] La paz mundial no margina a la luz especial de la nación judía. Por el contrario, la paz que se esparce tan lejos, “a los extremos de la tierra”, es el ambiente perfecto para que se revelen las cualidades especiales de la nación judía, porque al final, la paz entre las almas judías proviene del más excelso origen de todo.

La paz entre las almas judías es un fenómeno no local que no depende de que estemos todos en un solo lugar. De todas maneras, en la parashá Bejukotai, la Torá remarca que “Conferiré paz en la tierra”, refiriéndose por supuesto a la tierra de Israel. La paz que se alcanzará cuando la tierra de Israel esté completa y el pueblo judío esté completo revelará un nivel más grande aun de luz y placer, porque la tierra de Israel es donde reside la Shejiná (la Presencia Divina”. La tierra de Israel misma es considerada un reflejo de la Shejiná. Por cierto, esta es la culminación de las bendiciones de la parashá Bejukotai: “y pondré Mi morada entre ustedes…y andaré entre ustedes y seré para ustedes Dios y ustedes serán Mi pueblo”.

Estos tres círculos de paz pueden ayudar a entender las palabras de Rabi Shimón bar Iojai en el Zohar, respecto al Mashíaj, quien es llamado: “el ministro de la paz”. “El ministro  de la paz es un justo que está en paz con todo el mundo, en paz en el hogar [paz entre los judíos] y en paz con la Presencia Divina”. Estos tres círculos de paz forman una progresión, donde cada uno es mayor que el anterior. Tenemos fe en ver a los tres revelados rápidamente en nuestros días por el ministro de la paz, el Mashíaj.

De una clase del rabino Itzjak Ginsburgh del 15 de Iaar 5772, 8 de Mayo 5772

Extracto del shiur del 8 de Iaar 5772

La voluntad más íntima del alma se denomina הרעותא-דלבא, reuta reliva, literalmente deseo del corazón. Está explicado en jasidut que tiene 3 niveles.

El nivel superior es el despertar que surge de la esencia del alma, sin ninguna compresión intelectual, es el sentimiento que tiene todo judío hasta el más simple de los simples, que puede experimentar en un momento propicio, como por ejemplo en la tefilá de nehilá, la plegaria que cierra el día de Iom Kipur, el Día del Perdón. Se puede llegar a este nivel sin realizar ningún trabajo especial, de tal manera que no depende de nuestro libre albedrío. Sólo hay que tener en cuenta no bloquearse a esta sensación, es decir, no cerrarse a vivir esta experiencia.

A pesar de que reuta significa voluntad o deseo, en este nivel no existe una voluntad definida sino que hay una conexión interior pura, una revelación a nivel de iehidá shebanefesh, el nivel singular superior del alma. Un ejemplo de esto puede ser una melodía interior y profunda que surge de manera espontánea. Así, reuta deliva es a este nivel la revelación de la fe, y en palabras de Cabalá radl”a (reisha de lo iadá), “la cabeza incognosible”, la parte superior de Keter.

El segundo nivel es cuando el reuta deliva que se despierta como consecuencia de la captación intelectual de la “maravilla de la luz infinita (haflaát Or Ein Sof). Es decir, después de la meditación y profundizar la comprensión de que la luz infinita (or ein sof) en sí misma es algo asombroso, está completamente fuera de nuestra captación, y no está para nada en relación a los mundos creados, llegamos a una reuta deliva tal, que a pesar ser un resultado del intelecto, sigue siendo algo por encima del intelecto absolutamente. Por cuanto que proviene del servicio de la persona, no es algo tan completamente abstracto y ya hay en ella cierta sensación de una determinada voluntad [ratzón] –aunque es una voluntad de anulación de la existencia, de todas maneras ya se siente que hay una voluntad, un acto de auto-anulación. En palabras de Cabalá, es la revelación de la segunda cabeza de Keter, galgalta, el poder de voluntad en la psiquis.

El tercer nivel también es una reuta deliva que se despierta como resultado de una comprensión intelectual, salvo que ahora es una comprensión más definida en cuanto al “tipo de maravilla” que es la Luz Infinita, donde se logra una cierta captación de la calidad y la clase de maravilla. La comprensión del nivel anterior de lo maravilloso que es en sí mismo de la Luz Infinita es como quien ve la “creación de algo a partir de la nada”, en cambio la captación en este tercer nivel es que se logra captar  con cierta comprensión intelectual “como sucede esto”. Como resultado de esta captación, llega la reuta deliva pero que no está desconectada del intelecto, tiene en su interior una afinidad por el intelecto y por lo tanto hay una sensación de ahavá betaanuguim. En palabras de Cabalá este nivel corresponde a la tercera cabeza de Keter y se llama “moja stima”, “el cerebro hermético”, que es la fuerza intelectual inconsciente de la psiquis.

De un shiur del 1 de Iaar, 5772

“Y Dios habló a Moshé después de la muerte de los dos hijos de Aarón, cuando se acercaron a Dios y murieron.” Hay muchas opiniones e interpretaciones que explican por qué Nadav y Avihú murieron. No se menciona ningún pecado o error explícito en este verso y aparece como que sus muertes fueron el resultado de una euforia espiritual al extremo de que sus almas abandonaron sus cuerpos en éxtasis Divino, como explica el sagrado Or haJaim. Pero obviamente la Torá enfatiza sus muertes para enseñarnos a no hacer lo mismo.

¿Qué aspectos de su servicio hay que refinar?

No Consultaron y No se Prepararon

Los sabios nos enseñan, “Como está dicho, ‘y los dos hijos de Aarón, Nadav y Avihu cada uno tomó su incensario’”. Podemos inferir de ‘los hijos de Aarón’ que no consultaron con Aarón, y de ‘Nadav y Avihú’ no consultaron con Moshé. Además, las palabras ‘cada uno tomó su incensario’, nos enseña que cada uno hizo lo que sintió y ni siquiera consultaron entre ellos” (Torat Kohanim). Todo esto sugiere que actuaron de forma espontánea; cada uno sintió un deseo de servir a Dios de esa manera y como si el haberse reunido en el momento crítico y morir juntos fue una mera coincidencia.

Pero la razón por la cual tenían que prepararse consultando con sus mayores, era porque Dios no ordenó realizar ese servicio: “Y ofrendaron ante Dios un fuego extraño que Él no les había ordenado”. Para realizar un precepto se considera que recibir un mandamiento explícito de Dios es una suficiente preparación. Pero si queremos hacer algo voluntariamente, por lo menos tenemos que consultar con una autoridad superior antes de actuar como Nadav (de la raíz “voluntariado”) y Avihu.

Del verso de Ioel “Prepárate frente a tu Dios, Israel”, aprendemos que siempre tenemos que prepararnos antes de cumplir con todo precepto. El Zohar también sugiere que el principal defecto en la acción de Nadav y avihu fue que no se prepararon.

Luego en la Torá Dios ordena a Moshé decirle a Aarón que no venga al santuario “en cualquier momento”. ¡Cuánto cuidado debe tener Aarón en no hacer como sus hijos! Hasta el Sumo Sacerdote debe entrar completamente preparado al santuario.

El Baal Shem Tov dice que las preparaciones de una mitzvá son su parte más importante, y la acción práctica del precepto debe ser rápida. La preparación esencial de toda mitzvá es ser consciente de que estoy realizando un precepto. Si como matzá la primera noche de Pesaj, salgo de la obligación si estoy consciente que estoy comiendo matzá. Una acción espontánea, como en el caso de Nadav y Avihú, carece completamente de este aspecto. Al actuar instintivamente y sin preparación, la acción alimenta a las fuerzas del mal, como aprendemos en Cabalá, porque en vez de actuar con desinterés y anulación a Dios, un acto puro y sagrado, el egoísmo se interpone en la mitzvá, y el fuego sagrado se transforma en “un fuego extraño”.

El Temor como Preparación para la Alegría

El Zohar trae luz a estos versos:

“Rabi Itzjak abrió con el siguiente verso: ‘Sirve a Dios con temor y regocíjate con estremecimiento’. Aunque otro verso declara “Sirve a Dios con alegría, acércate a Él con alabanza extática.” Estos dos versos no se contradicen: “sirve a Dios con temor”, que todo servicio que hagas ante tu Amo que primero sea con temor y si lo logras, servirás con alegría.”

Los hijos de Aarón deseaban servir a Dios sólo con alegría y pensaron que podían omitir el temor en su servicio. Sin embargo el temor siempre debe preceder a la alegría y el amor. Una indicación de que sólo buscaban la alegría es que las letras centrales de “los dos hijos de Aarón” (שני בני אהרן, shnei bnei aharón) forman la palabra רננה, renaná, “alabanza extática”.

Esta idea es consistente con la explicación de la necesidad de preparación. El temor brinda el basamento esencial para todo servicio fervoroso proveniente del amor y la alegría. Como declara el Tania, el temor “es el principio del servicio [a Dios] y su núcleo y raíz” (cap. 41). Sin preparación, la alegría se vuelve sobre entusiasta y degenera, como la masa leudada por demasiado tiempo, que crece y el fuego sagrado se convierte en un fuego extraño.

No obstante, el Zohar continua explicando que la frase “regocíjate con estremecimiento”, se aplica sólo a los asuntos mundanos, o sea que la alegría que experimentamos por temas del mundo debe ser limitada y protegida por el “temblor” del temor. Esto implica que en los asuntos espirituales, no hay necesidad de temer a la alegría excesiva. Pero como vimos antes, esto es verdad sólo en el caso de un precepto explícito, donde la orden de Dios alcanza como preparación. En cambio, respecto a los actos completamente voluntarios y espontáneos, tales como el de Nadav y Avihú, es necesario preceder la expresión de alegría con temor, restringiendo así el acto dentro de los límites de la santidad.

Correr sin Retornar

El verdadero servicio a Dios debe estar compuesto con “correr y retornar” (רצוא ושוב, ratzó vashov), dos estados mentales opuestos que están balanceados adecuadamente en armonía. Correr es aspirar a la elevación espiritual, corriendo entusiasta hacia la Divinidad, mientras que retornar es el descenso de regreso hacia la realidad física en la cual Dios nos ha colocado. En las interpretaciones jasídicas del acto de Nadav y Avihu, existe un énfasis en que su accionar fue de “correr” sin “retorno”.

La combinación de “correr y retornar” es una dinámica fundamental en la Torá, como se puede  inferir de que el valor número de esta frase (רצוא ושוב) sea 611, la guematria de Torá (תורה). En el caso de Nadav y Avihu, la explicación corriente es que su “correr” hacia Dios era desenfrenado y provenía del sentido de que este era el deseo más placentero y dulce. En cambio “retornar” debería ser la comprensión de que Dios no quiere que muramos sino que vivamos aquí en este mundo, como se afirma luego en la misma porción de la Torá “Deben observar mis decretos y leyes, que el hombre debe cumplir para vivir con ellos”.

Aun podemos ofrecer una visión más profunda en esta explicación diciendo que “correr” se refiere a la alegría y el amor de la Presencia de Dios, y “retornar” se refiere al precepto Divino en sí mismo. La voluntad de Dios está oculta en cada mitzvá. A medida que ascendemos para servirLo con alegría (corriendo) tiene que seguir un equilibrio descendente intentando revelar la voluntad de Dios en el mundo (retornar”.

Nadav y Avihu, actuando espontáneamente y sin la consulta apropiada, que los hubiera guiado para asentar su entusiasmo con un consejo racional correcto, corrieron juntos sin retornar, como una llama sin una mecha que los conecte a la vela.

Cuando sentimos una necesidad voluntaria de servir a Dios espontáneamente, con alegría y entusiasmo, tenemos que tener mucho cuidado y prepararnos correctamente para la acción precediendo nuestra alegría con temor. Podemos hacer esto conectándonos con el mandamiento Divino o pidiendo consejo de una autoridad superior que pueda ofrecernos un marco adecuado donde expresar nuestra alegría espontánea.

 

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Querida Ana Frank

Acerca del diario personal más famoso del mundo, del alma especial de quien lo escribió, su vida, su muerte, acerca de la redacción de las cartas y de la escritura en general. En recuerdo de Ana Frank, con amor.

“Espero que pueda revelarte todo lo que no pude revelarle a nadie hasta ahora, y espero que encuentre en ti un confidente fiel y comprensivo.”

Con estas palabras comienza el diario personal más famoso del mundo, el diario de Ana Frank. En primera persona y revelando el corazón sensible de una joven que ha madurado, el diario atestigua los dos años durante los que Ana se escondió, junto a sus padres, su hermana y otros cuatro judíos en una dependencia trasera secreta de una familia holandesa en Amsterdam, antes de ser capturada por los nazis y la envíen al campo de concentración. Describe el ambiente estresante, intenso y lleno de fricciones de las ocho almas encerradas en un espacio estrecho y escondido y la vida bajo la amenaza permanente de ser atrapados, simultáneamente con la incertidumbre y las vacilaciones existenciales de una adolescente.

El diario de Ana Frank es el más vendido en el mundo, el mayor best seller escrito por una mujer judía, y el mayor best seller escrito por una persona menor de 30 años. 33 millones de copias se vendieron hasta ahora, y posiblemente el traducido a más idiomas que cualquier otro libro, 75 idiomas. Además, el libro que más se vende acerca del holocausto, y en las décadas que pasaron desde que se difundió por primera vez, para millones sirvió como el primer acercamiento, y a veces el único, a la adversidad y el horror que pasaron los judíos en la segunda guerra mundial. Medio millón de personas visitan cada año la casa-museo que se levantó alrededor de la casa donde se escondió Ana Frank, y hasta hoy en día, muchas personas de todo el mundo a quienes la historia de Ana les conmovió el corazón, acostumbran escribirle cartas como si estuviera viva todavía. Estos hechos asombran enormemente cuando recordamos que este libro fue escrito por una joven de sólo 15 años.

Ana Frank creció en una casa judía asimilada, y no estaba conectada con el judaísmo. Sin embargo, quiso la Providencia que llegue a ser la representante de todo el pueblo judío para millones de personas en todo el mundo. El Baal Shem Tov, el fundador del Jasidut que abrió ante nosotros las puertas de los secretos de la Torá, nos enseñó que en todo lo que hay en el mundo hay que meditar a través de la lente de la fe y la Torá. ¿Qué inspiración podemos obtener de la personalidad y la historia de Ana Frank a través del instrumento de meditación de la Dimensión Interior de la Torá?

La Tefilá como un Diario Personal

Volvamos a leer el párrafo inicial del diario: “Espero que pueda revelarte todo lo que no pude revelarle a nadie hasta ahora, y espero que encuentre en ti un confidente fiel y comprensivo.” Estas líneas no se las escribe Ana Frank a su amiga ni a un pariente, sino a su propio diario. Así, a continuación Ana le otorga a su diario un nombre humano, “Kiti”, para poder mostrarse a sí misma aun más hasta qué punto utiliza su diario como una amiga de carne y hueso, en cuyo oído poder derramar todo lo que se encuentra en su corazón. En algunas de las adaptaciones teatrales del libro, esta idea cobra vuelo y “Kiti” se vuelve verdaderamente una personalidad encarnada por la actriz, reflejando desde un costado lo que sucede, sin que ninguno de los personajes se entere de su presencia, y le relata al público los pensamientos personales de Ana, evocados en las hojas del diario.

La idea de escribir o hablarle a una personalidad que no está ante nosotros –más todavía, que es en absoluto intangible- recuerda por supuesto a la Tefilá, la plegaria. Efectivamente, las palabras introductorias del diario suenan como palabras que toda persona creyente dice en su corazón al Todopoderoso. Dios “examina los recovecos de nuestro corazón”, y conoce todo lo que sucede dentro de nosotros. Nos conoce mejor que nosotros mismos. Este es el motivo por el cual muchos sienten a veces que El Todopoderoso es ese yo más íntimo en nuestro interior. Esta idea por supuesto contradice y desarraiga la esencia de la creencia en que Dios nos creó y es un ser superior a nosotros, aunque la verdad simple es que está inserto en nuestro núcleo más profundo, allí se encuentra Dios, y por eso podemos dirigirnos a Él de la misma forma directa y simple en que hablamos con nosotros mismos, o escribimos un diario.

Lo primero que podemos recibir de Ana Frank y llevar al campo de la fe es entonces, la escritura de un diario personal, y en especial en la hora de dificultad y sufrimiento, como el ejemplo de un sincero derramar el corazón ante Dios en la plegaria. “תְּפִלָּה לְעָנִי כִי יַעֲטֹף וְלִפְנֵי ה’ יִשְׁפֹּךְ שִׂיחוֹ”, “Plegaria del hombre pobre, que desfallece y derrama su relato [aflicción] ante Hashem”: en los momentos de pobreza y angustia, tenemos que derramar nuestro relato con una libertad completa ante Hashem, como si estuviéramos escribiendo en nuestro diario personal.

Un Alma Elevada

La prueba de que la pequeña Ana Frank logró representar a todo el pueblo judío para millones de personas, muestra que su alma joven era de una categoría y de un alcance fuera de lo común. El talento literario que la caracteriza desde tan joven, el diario que recibió al cumplir los 13 años, sólo un mes antes de entrar al escondite, el relato de su increíble supervivencia del diario (y de su padre que lo difundió), todos aquellos que integran el escenario viviente de fondo para revelar la luz de su alma al mundo, y en el futuro tocará el corazón de multitudes.

Después de que el diario fue publicado y tuvo un éxito excepcional en todo el mundo, comenzaron a escucharse voces acerca de su falta de credibilidad. Un número de “historiadores” negadores del holocausto comenzaron a argumentar que en realidad no fue Ana Frank quien escribió el diario, e incluso que ella no existió. Algunos sostuvieron que el diario lo escribió el periodista Meir Levin, (que se ocupó de publicar el libro en Estados Unidos y hasta adaptó la obra teatral), y otros, que lo escribió el padre de Ana, Oto Frank, para reforzar la mentira del holocausto y hacer fortuna usando a su hija. Oto Frank libró batallas legales contra esas personas, que siguieron hasta el día de su muerte en 1980.

Por más gracioso que suene, la incertidumbre de su existencia o la veracidad de sus palabras son una indicación de su grandeza. Incluso sobre el Baal Shem Tov hay quienes sostienen que no existió, y que su imagen existe sólo en el ámbito las historias que dan vuelta por el mundo acerca suyo. También sobre bíblico Iov, la persona más sufrida del mundo, existen [incluso dentro de la literatura de los sabios de bendita memoria] un amplio espectro de opiniones, de un extremo al otro respecto a su personalidad y su vida. Las opiniones están divididas si era judío o no, cuándo vivió, quién fue su esposa, y si acaso vivió o fue una parábola. Las dudas acerca de tu existencia no están sólo relacionadas a la grandeza, entonces, sino, por algún motivo misterioso, también con el sufrimiento (de acuerdo con algunas opiniones la esposa de Iov no era sino Diná, la hija de Iaacov y hermana de las 12 tribus, que soportó ella misma muchísimos sufrimientos y hasta su suerte es objeto de discusión).

La raíz de todas las almas de las que se duda su existencia, se puede decir, está arraigada en un estrato sumamente elevado en la Divinidad misma, y en lo que respecta a nosotros, su existencia depende más que nada de si lo creemos o no. De acuerdo al Jasidut, la fuerza de la fe en el alma tiene su raíz en un estrato oculto y elevado del alma que se llama “reisha delo iadá vedlo itiadá”, “la cabeza incognosible y no se da a conocer”. La “cabeza” que no se conoce a ella misma y no se da a conocer a los demás (iniciales radl”a). Quizás el origen del alma de Ana Frank, se podría decir, está arraigado en este estrato sublime.

Diario de Teshuvá

El escritor Primo Levi, sobreviviente de Aushvitz cuyos escritos también trajeron el holocausto a la conciencia de multitudes, dijo una vez: “Una Ana Frank nos conmueve más que las historias de otros, que sufrieron como ella pero su rostro quedó en la oscuridad. Posiblemente es mejor que sea así, porque si hubiéramos podido comprender todo el sufrimiento de todas aquellas personas no hubiéramos podido sobrevivir”.

Las palabras de Levi recuerdan una idea fundamental de la sabiduría de la Cabalá conocida como la idea del “tzimtzum”, “la contracción. Cuando Dios quiso crear el mundo tenía infinitas luces con las que quería iluminarlo. Pero sabía que el mundo no iba a ser capaz de soportar todas esas luces, y se iba a destruir. Por eso Dios contrajo su luz en una línea delgada de luz, y la insertó dentro del mundo. Este hilo de luz se revela en nuestro mundo en los libros de Torá, en las palabras de los profetas, y también en la chispa Divina en cada uno y una.

Primo Levi habló sobre la contracción del sufrimiento, sobre la historia de Ana Frank como un pequeño resplandor que permite a las personas aprender acerca del holocausto de manera que no los colapse. Pero podemos llevar esta idea a un lugar positivo, más parecido a la contracción cabalística. Si una historia personal aislada puede revelarle al mundo la oscuridad que experimentaron millones, es porque también puede revelar una gran luz.

Vivimos hoy en una generación en que muchísimas personas que estaban completamente desconectadas del judaísmo, de la fe o en general de lo espiritual –como Ana Frank y su familia- de repente se despiertan en la edad de la madurez y encuentran su camino de regreso a su origen. Al mismo tiempo, también las almas que crecieron en el seno del judaísmo, pero por diferentes motivos experimentaron una desconexión o alejamiento, lo descubren de nuevo, a su manera. Esta vivencia del despertar y el retorno a Dios es de hecho la experiencia más íntima en la psiquis del hombre. Esos momentos preciados, raros y frágiles de revelación de la raíz del alma producen chispazos de revelación Divina, nada menos que eso.

Sobre el verso del libro de Debarim (30:3) “Y regresará Havaiá tu Dios a tus retornantes”, pregunta Rashi: “tendría que haberse escrito ‘y hará regresar a tus retornantes”. ¿Por qué está escrito “regresará”? La respuesta de Rashi: “Es tan grande el día del kibutz galuiot, la recolección de los exiliados, y a duras penas, como si fuera ‘Él [Hashem] mismo tiene que ser el que traiga de las manos tal cual a cada uno y uno desde su lugar’”. La reunión del exilio físico y espiritual de las almas de Israel se realiza de tal manera que Hashem mismo, como si fuera, acompaña a las almas desde donde se encuentran de regreso a casa.

En nuestra generación, todo aquel que logra experimentar un despertar espiritual como este, tiene que transmitirlo verbalmente o por escrito, para que otras personas también puedan probar de sus mieles –“Prueben y ven que bueno es Hashem” (Salmos 34:9). Así como el diario de Ana Frank le transmitió a millones una idea de las dificultades de los judíos, como así también la confianza en la vida a pesar de las dificultades, así los diarios de teshuvá pueden transmitir a muchos la fe en lo que está por encima y más allá de la vida, la luz Divina que le da a la vida el motivo y el significado.

La escritura de un diario de teshuvá es diferente de la escritura de un diario común, porque en él tenemos que tratar de expresar en palabras aquello que no se puede expresar, decir algo imposible de decir. En otras palabras, en la escritura de este tipo, lo que no se escribe es más significativo que lo que se escribe. Pero esto no tiene que disuadirnos del intentarlo. Las palabras que salen del corazón entran en el corazón, y esto es cierto incluso en cuanto a lo que no se dice explícitamente, sino un susurro entre líneas.

Ocultamiento y Revelación – Ester veGuilui

Sabemos que cuando Ana comenzó a escribir el diario, no pensó que nadie lo vería. Por eso escribió los nombres verdaderos de las personas que estaban con ella en el escondite, y también escribió detalles personales y a veces negativos. Pero un día escuchó en la radio un discurso de una de los representantes del gobierno holandés en el exilio, que hablaba desde Londres, y dijo que quería publicar después de la guerra los informes y diarios de los holandeses que sufrieron bajo la ocupación alemana. Inspirada por esta declaración decidió que cuando salga libre publicaría el diario como un libro, porque eso ayudaría a los demás, y comenzó a editarlo y cambiar los nombres de los huéspedes de la casa para protegerlos.

Esto nos muestra algo significativo acerca de la escritura privada. La escritura de las emociones tiene que ejecutarse desde del lugar personal más profundo, de tal manera que no queremos exponerlo ante nadie en el mundo. También si sabemos que quizás un día lo llegarán a leer, o incluso que nosotros mismos lo publiquemos, la escritura tiene que realizarse como si nadie más la ha de ver.

Pero luego tenemos que preguntarnos, si lo que escribimos puede llegar a ayudar a alguien más. Si nuestras palabras personales pueden tocar a otro, ayudarlo a realizar una rectificación significativa en su vida, o acercarlo a Dios. Si ellas pueden tener una buena influencia sobre el mundo, si el arrepentimiento es positivo, ya que tenemos que realizar un acto de mesirut nefesh, dar la vida, e incluso las cosas más privadas, después de la revisión necesaria, dar a conocer.

La transición de la escritura privada a la difusión pública se entiende más en profundidad a la luz de las enigmáticas palabras de los sabios en el tratado de Jaguigá, que Dios tiene recámaras externas e internas. En las cámaras externas de Hashem, explican los sabios, se cumple el verso “Fuerza y alegría en Su Lugar” (Crónicas I 16:17): Dios demuestra alegría. Frente a esto, en las cámaras interiores se cumple el verso “en los lugares ocultos llorará mi alma” (Irmiahu 13:17): Dios llora en secreto por el exilio y el sufrimiento del pueblo de Israel. De la misma manera, la difusión de las cosas privadas que se escribieron con una vivencia personal e íntima de llanto, es para que al final las cosas se conviertan en “fuerza y alegría”: llegaron al público y de tal manera que refuerza y los eleva (tal como el llanto oculto de Dios al final se hará público, y nos consolará al escucharlo).

Cartas para Ana

Destacamos antes que muchas personas de todo el mundo, y en especial jovencitas de la edad que Ana Frank tenía al escribir el diario, acostumbran seguir escribiéndole cartas. Cuando una persona logra llegar a su prójimo desde una distancia tan grande en el tiempo y el espacio, esto nos enseña una lección muy importante acerca de la fuerza del alma, cuando se eleva sobre las limitaciones del mundo para alumbrar a lo lejos. Si somos capaces de conmovernos con las palabras de una persona que hace tiempo se fue de este mundo, a tal punto de impulsarnos a contestarle, es porque en cierto sentido su alma nunca se fue. Todavía está aquí, dentro de nosotros, incitándonos a pensar y sentir.

Ana Frank murió a los 16 años de edad. Si todavía estuviera viva tendría 83 años. Podemos tratar de imaginar como sería; una mujer anciana, probablemente a esa edad algo encorvada, pero teniendo todavía esa misma chispa en los ojos, esa sonrisa pícara y la personalidad tenaz y vigorosa que conocemos tan bien de sus fotos y su diario. Pero nos resulta difícil hacer eso, porque en los ojos del alma ella permanece siempre joven. Esa es la suerte de aquellos que mueren al comienzo de sus días: permanecen a los ojos de aquellos que los recuerdan, jóvenes por siempre. A pesar de todo lo trágico de su muerte prematura, justamente esos que permanecen jóvenes eternamente, esos que al morir siguen viviendo, nos transmiten algo importante acerca del alma: también ella, el alma, permanece joven eternamente como ellos, inmune del paso del tiempo.

Hay una costumbre de seguir contando los días de nacimiento también muchos años después de la muerte. Así, por ejemplo, los jasidim acostumbran leer cada año el salmo que corresponde a la edad de su Rebe difunto. No obstante, explica la Cabalá que en la resurrección de los difuntos, las personas revivirán con la misma edad en que se fueron, como si no hubiera pasado ni un día. En otras palabras, después morir la persona madura y no madura, descansa y no descansa. Es difícil representar ante nuestros ojos una idea como la resurrección de los difuntos (por eso, el Rambam dijo acerca de los días del Mashíaj, que “no sabremos cómo será hasta que no sea”), pero si intentamos hacerlo respecto a Ana Frank, podríamos imaginarla que viene a nosotros como una anciana en un cuerpo de adolescente. Y así tenemos ante nosotros una parábola más agradable todavía de la apariencia del alma: madurando constantemente, pero al mismo tiempo fresca y vigorosa (algo parecido, notemos, se explica en jasidut acerca de la apariencia del Mashíaj que deseamos: estará compuesto del alma del Moshé anciano y en el cuerpo de David más joven…).

¿Qué le escribirían a Ana Frank? ¿Qué le quisieran contar de vuestras vidas aquí y ahora? El diario de Ana Frank merece estar en la lista de los libros obligatorios de todo estudiante de su edad, en Israel más que en cualquier otro lugar, y hay que alentar a los alumnos a escribir cartas, y difundir las cartas más interesantes. El alma de Ana puede seguir iluminando nuestro mundo, y estimular a nuestras almas a que se expresen tal como ella lo logró hacer tan bien.

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Luces del zohar

Siete Luces del Zohar
En el libro sagrado de Zohar está dicho en la parashá Tzav (en la traducción): “Rabí Jizkiá solía sentarse frente a Rabi Eliezer. Le dijo: ‘¿Cuántas luces se crearon antes de que el mundo fuera creado?’ Le dijo: ‘Siete, y ellas son: luz de Torá, Luz de Guehinom, luz de Gan Eden, luz de Trono de Gloria, luz de Templo Sagrado, luz de retorno, la luz del Mashíaj’”.
Crear un mundo nuevo
El Rebe de Lubavitch se ocupó de las palabras escritas en esta cita del Zohar, continuando las explicaciones de su padre rabi Levi Itzjak, y preguntó ¿cuál es la importancia de saber cuáles luces se crearon antes de que se creara el mundo? “¿en qué afecta al servicio de la persona y su tarea en el mundo?” Y la respuesta: “Por cuanto que la tarea del judío de estudiar Torá hace que el mundo siga existiendo… El servicio del judío tiene que ser similar y un ejemplo del acto de Dios en la Creación del Mundo”. Es decir. Nuestro cometido es “crear el mundo” de nuevo, y para esto tenemos primero que ocuparnos en esas siete luces, en especial en relación a la redención que es la finalidad de la creación del mundo y su perfeccionamiento.
Explicaremos brevemente de qué se tratan esas luces en tanto siete áreas-asuntos en que tenemos que ocuparnos hoy en día en relación a nuestra orientación de “crear el mundo de nuevo” en nuestra Tierra Sagrada. Una nueva realidad, una nueva sociedad, el Reino de Israel. Primero tenemos que crear siete luces y luego tomarlas e incorporarlas dentro de la realidad, y así llegar a una eventual rectificación, “muy rápido correrá su palabra.” [Tehilim 147:15]
La Torá de la Bondad y la Emulación de la Torá
La primera luz es la “luz de Torá”, es la luz de Jesed, la bondad, como la primera aparición de la palabra luz [אור, or] en la creación del mundo en el primero de los Seis Días de la Creación. La Torá es “Torá de Bondad”, y cuando nos ocupamos en la Torá debemos hacerlo con la conciencia de llevarla a los demás, e iluminar con la Torá el sendero de todo el pueblo de Israel, “Torá Or”, “Torá Luz”. Cuando hablamos de la Torát Jesed, la Torá de Bondad, tiene unun lugar especial Torat haJasidut, el Jasidut, que tal como lo dice su nombre, revela esa fuente de luz en la Torá que viene a beneficiar a todos.
La segunda luz es “la Luz de Guehinom”, [del Infierno] que corresponde a la cualidad de guevurá, “rigor”, y al segundo día de los Seis Días de la Creación (cuando se creó el Guehinom). A primera vista es difícil entender cuál es la luz que hay en el Guehinom (porque está claro por su contexto no se trata de un fulgor de fuego, sino de un resplandor que alumbra)? La explicación es que no se trata sólo de la construcción de un sistema de coerción y castigo compulsivo, sino de un sistema de leyes de acuerdo con la Torá. Tenemos que preparar un sistema completo y amplio de leyes de la Torá y la Halajá en todos los ámbitos de la vida, de forma que permita el gobierno del estado totalmente de acuerdo con la Torá, donde el desafío es que la Torá no se vea como algo amenazante (del Guehinom) sino conectado con el lado de la bondad de la Torá –con la unión de la parte revelada y la parte oculta- y así también iluminará su lado de rigor.
La Tierra de Israel como un Gan Eden [Paraíso]
La tercera luz es la luz de Gan Eden, (Jardín del Edén) correspondiente a la sefirá de Tiferet y el tercero de los Seis días de la Creación (cuando se reveló la tierra seca y se crearon las plantas). ¿Cómo creamos un Gan Eden hoy en día? Toda la Tierra de Israel está a nivel de Gan Eden, “un buen obsequio” que Hashem da a Su Pueblo Israel. El asentamiento en la Tierra de Israel, la construcción de poblaciones y el florecimiento del desierto, es una tarea que revela la luz del Gan Eden en este mundo.
La conexión entre el Pueblo de Israel y la Tierra de Israel, subir a la tierra y asentarse en ella, es una parábola del pareja del novio y la novia, donde “su interior está pleno de amor de las hijas de Ierushalaim”. La Tierra está “plena” de muchos judíos a lo largo y ancho (todos los puntos de asentamiento son “Hijas de Ierushalaim”), y todo de acuerdo a la luz de Torá (la luz del Jesed que acompaña a todas las luces que siguen).
El Trono de Gloria
La cuarta luz es la luz de Trono de Gloria, Kisé Hakavod, correspondiente a la sefirá de Netzaj. El Trono de Gloria es el origen de las Almas de Israel, todas “incrustadas debajo del Trono de Gloria”, un semblante similar al del patriarca Iaacov gravada en el Trono de Gloria, donde la continuidad del árbol genealógico desde Iaacov- Israel nuestro patriarca hasta cada uno de los judíos hasta el día de hoy se expresa en la eternidad del pueblo judío, “La Eternidad de Israel no mentirá”.
La Revelación de la Luz de Trono de Gloria es una rectificación pública fundamental de la cuestión de quién es judío y el fortalecimiento de la identidad judía. Así por ejemplo, podría ser que llegó el tiempo de reunir y ordenar los “libros genealógicos”, la lista de la genealogía de los millones de Hijos de Israel, donde para cada uno hay un lugar especial en la trama del pueblo judío, incluyendo los conversos justos [guerei tzedek] para los que hay un lugar honorífico (como el rey David que viene de descendientes de conversos), luego de aclarar qué es una conversión verdadera de acuerdo a la halajá.
La Luz de Beit Hamikdash – Acontecimientos Públicos
La quinta es la luz de Beit haMikdash, el Templo Sagrado, correspondiente a la sefirá de Hod, “resplandor”, como dicen los sabios de bendita memoria “y el Resplandor, es el Beit Hamikdash”. ¿Cómo brillan hoy en día las luces de Beit Hamikdash? El Beit Hamikdash es el “Sitio del encuentro” de todo el pueblo de Israel que vienen a servir a Dios, como subir a pie a Ierushalaim en las tres festividades y la ofrenda del Korbán Pesaj, “el sacrificio de Pesaj”. Por eso el Templo se llama desde su comienzo “Ohel Moed”, la tienda del encuentro”, el lugar donde se encuentran y reúnen todos juntos. En el Santuario hay una “atmósfera” adecuada para una reunión como esta, buena música (el canto de los Levitas) y también comida y bebida (todo guardado con pureza).
La revelación de la luz de Beit Hamikdash hoy en día son las reuniones públicas en las que se reúnen muchos judíos alrededor del eje central de la Torá y la Santidad. Lograr organizar eventos exitosos y alegres de ese tipo, es el brillo de la luz de Beit Hamikdash (y un ejemplo práctico de esto es la “Vuelta de los Portales”, Sivuv Shearim, donde se congregan miles de judíos cada Rosh Jodesh, el principio del mes, para rezar y alegrarse frente a los portones del Monte del Templo). Aquí tenemos un desafío especial, que el Santuario no se perciba como algo disuasivo sino como algo que tiene mucha luz y alegría.
Luz de Retorno y la Luz del Mashíaj
Las dos últimas luces que trae el Zohar son la Luz de Teshuvá, (retorno) y la luz del Mashíaj. A pesar de que la luz de Teshuvá está escrita antes, de acuerdo al orden de las sefirot es la séptima luz, correspondiente a Maljut. Y en nuestro tema, es importante subrayar que no se trata sólo de la Teshuvá de muchas personas individuales, sino del retorno a nivel de sociedad, donde muchos judíos se unen y se asocian para actuar juntos en asuntos de dominio público comunitario de acuerdo con la Torá. No sólo la observancia del Shabat, cashrut y pureza familiar, cada uno en el ámbito familiar, sino una fuerte voluntad de rectificar todo el mundo de la acción para que funcione de acuerdo con la Torá, a nivel de comunidad y sociedad, e incluso a nivel de estado.
La expresión “La Luz del Mashíaj” –y no “luz de Mashíaj” como está dicho en el resto de las luces- enseña que en el Mashíaj la luz es algo “esencial”, propio. No sólo que el Mashíaj tiene luz sino que todo el tema del Mashíaj es iluminar. La luz del Mashíaj corresponde a la sefirá de Iesod, la sefirá que reúne todas las luces que están por encima de ella (desde jesed hasta hod), las congrega en un orden correcto y las reúne con la tierra (Maljut), es la unión de los cielos y la tierra, “porque todo en los cielos y la tierra”. Así el rey Mashíaj es quien logra tomar todas las luces anteriores, luz de Torá, luz de Guehinom, luz de Jardín del Eden, luz de Trono de Gloria, luz de Beit Hamikdash, y unirlos a la tierra, a la realidad física de la sociedad que se despierta desde abajo con la luz de teshuvá. La capacidad del Mashíaj de hacer esto proviene del hecho que su raíz está por encima de todos, como se dice sobre él: “Y muy sublime, elevado y ennoblecido”.
De una clase del congreso del movimiento Derej Jaim, “Sendero de Vida”, 5 de Nisan 5772

Saber gritar

SABER GRITAR
La salida de Egipto se inicia cuando los Hijos de Israel gritaron a Hashem. “וַנִּצְעַק אֶל ה’… וַיּוֹצִאֵנוּ ה’ מִמִּצְרַיִם”., “Y gritaron a Hashem…, Y nos sacó Hashem de Mitzraim” [Devarim 26:8]. También la segunda etapa de la salida de Egipto, la Apertura del Mar Rojo, sucedió después de un grito: “וַיִּצְעֲקוּ בְנֵי יִשְׂרָאֵל אֶל ה’”., “Y gritaron los Hijos de Israel a Hashem” [Shemot 14:10].
¿Hasta qué punto es acertado y correcto gritar en nuestra vida diaria? Por supuesto, si no gritas porque no sientes que estás en problemas, es una mala señal que demuestra apatía, indiferencia y tosquedad de corazón. Puede ser también que percibas la dificultad pero de todas maneras no grites porque “no te es lindo gritar”, es como una exteriorización de una causa interior que arruina tu imagen de persona equilibrada y tranquila. Esta también es una señal no muy buena, como que te estás hundiendo en el río y no gritas auxilio porque “no es lindo gritar”…
¡Si duele, hay que gritar! Gritas como se entiende el grito, con la boca, o gritas interiormente, dentro de tu corazón, como está dicho “Y gritaron sus corazones al Señor” [Eijá 2:18].
Por otro lado, en cuanto a la plegaria diaria, hay diferentes aproximaciones o posiciones donde cada una tiene un origen en lo sagrado y un lugar de honor en el servicio a Dios:
Están los que acostumbran rezar gritando, como por ejemplo los jasidim de Carlín (una de las dinastías más antiguas del Jasidut) y los jasidim de Breslov. Y están los que acostumbran a rezar justamente en silencio, que caracteriza el gobierno absoluto del “cerebro” sobre el corazón, sin “excitación” externa, como es aceptado en el Jasidut Jaba”d, “las aguas silenciosas penetran profundo”.
Otra aproximación dice que la plegaria corriente se hace en silencio (en especial cuando es en público), pero cuando la persona sale a aislarse, como los que acostumbran ir al campo a hablar con Hashem, entonces es bueno también gritar. Así acostumbraba por ejemplo el jasid Ierushalmi Rev Asher Froind, sea su recuerdo bendición.
A pesar de que en el estilo sagrado del Jasidut Jabad hay lugar para los gritos: como es sabido, el Rebe introdujo que los niños judíos (de Tzivot Hashem), digan “psukim”, versos de la Torá, y que se haga en forma de gritos (uno grita “Torá” y todos gritan a continuación “Torá”, y así en adelante “tzivá lanu Moshé”… “que nos ordenó Moshé…”, etc.) hay personas que argumentan sobre esto “¿qué educación es esta?” es una falta de buenos modales…, pero la verdad es que todos necesitamos la descarga del grito. Está el grito sagrado que si nunca lo das, algo te queda “bloqueado” dentro del corazón. También, si la instrucción normal y constante es al estilo de “las palabras de los sabios con calma se escuchan”, hay que darle lugar también al grito, por supuesto en cuanto a los chicos, y también a los grandes…

saber gritar

SABER GRITAR
La salida de Egipto se inicia cuando los Hijos de Israel gritaron a Hashem. “וַנִּצְעַק אֶל ה’… וַיּוֹצִאֵנוּ ה’ מִמִּצְרַיִם”., “Y gritaron a Hashem…, Y nos sacó Hashem de Mitzraim” [Devarim 26:8]. También la segunda etapa de la salida de Egipto, la Apertura del Mar Rojo, sucedió después de un grito: “וַיִּצְעֲקוּ בְנֵי יִשְׂרָאֵל אֶל ה’”., “Y gritaron los Hijos de Israel a Hashem” [Shemot 14:10].
¿Hasta qué punto es acertado y correcto gritar en nuestra vida diaria? Por supuesto, si no gritas porque no sientes que estás en problemas, es una mala señal que demuestra apatía, indiferencia y tosquedad de corazón. Puede ser también que percibas la dificultad pero de todas maneras no grites porque “no te es lindo gritar”, es como una exteriorización de una causa interior que arruina tu imagen de persona equilibrada y tranquila. Esta también es una señal no muy buena, como que te estás hundiendo en el río y no gritas auxilio porque “no es lindo gritar”…
¡Si duele, hay que gritar! Gritas como se entiende el grito, con la boca, o gritas interiormente, dentro de tu corazón, como está dicho “Y gritaron sus corazones al Señor” [Eijá 2:18].
Por otro lado, en cuanto a la plegaria diaria, hay diferentes aproximaciones o posiciones donde cada una tiene un origen en lo sagrado y un lugar de honor en el servicio a Dios:
Están los que acostumbran rezar gritando, como por ejemplo los jasidim de Carlín (una de las dinastías más antiguas del Jasidut) y los jasidim de Breslov. Y están los que acostumbran a rezar justamente en silencio, que caracteriza el gobierno absoluto del “cerebro” sobre el corazón, sin “excitación” externa, como es aceptado en el Jasidut Jaba”d, “las aguas silenciosas penetran profundo”.
Otra aproximación dice que la plegaria corriente se hace en silencio (en especial cuando es en público), pero cuando la persona sale a aislarse, como los que acostumbran ir al campo a hablar con Hashem, entonces es bueno también gritar. Así acostumbraba por ejemplo el jasid Ierushalmi Rev Asher Froind, sea su recuerdo bendición.
A pesar de que en el estilo sagrado del Jasidut Jabad hay lugar para los gritos: como es sabido, el Rebe introdujo que los niños judíos (de Tzivot Hashem), digan “psukim”, versos de la Torá, y que se haga en forma de gritos (uno grita “Torá” y todos gritan a continuación “Torá”, y así en adelante “tzivá lanu Moshé”… “que nos ordenó Moshé…”, etc.) hay personas que argumentan sobre esto “¿qué educación es esta?” es una falta de buenos modales…, pero la verdad es que todos necesitamos la descarga del grito. Está el grito sagrado que si nunca lo das, algo te queda “bloqueado” dentro del corazón. También, si la instrucción normal y constante es al estilo de “las palabras de los sabios con calma se escuchan”, hay que darle lugar también al grito, por supuesto en cuanto a los chicos, y también a los grandes…

Nos encontramos en la era de los post: post-modernismo, post-sionismo, y muchos más. Y hay quien dice que ya pasamos la era de los post, y llegamos al post-post.

La Torá y el judaísmo nunca serán post. Toda creación humana es temporaria, y por lo tanto se va envejeciendo con el tiempo, como una moda pasajera. Pero la Torá que fue entregada por Dios, el creador del mundo y el tiempo, es constantemente nueva y nunca envejece.

Y a pesar de eso hay estilos diferentes en que aparece la Torá, cuando se inviste en recipientes actuales de esta generación. Así por ejemplo, en una época la filosofía era la reina de la ciencia, y muchos grandes de Israel “tradujeron” la fe a recipientes filosóficos, y el más grande de ellos fue  el Rambam. Pero hoy ya estamos también en la época de la post-filosofía. Todavía se puede meditar en extenso y profundamente en la base filosófica del Rambam, pero no “atrapa”.

También cuando nos ocupamos en un tema profundo de Jasidut, como los escritos del Rebe Rashab [apodado el “Rambam del Jasidut”], se puede sentir a veces que esas cosas nonos atañen. A pesar de que es la verdad absoluta, sin embargo en la era post se ve como anticuada…

La solución es volver a los versos de la Torá misma, y también a las enseñanzas de los sabios, de bendita memoria, tal como son. Un verso o enseñanza de los sabios de bendita memoria siempre serán algo nuevo. Es la materia prima que no envejece y siempre permanece fresca y renovada. Por eso es conveniente basar toda meditación de estilo Jabad profunda en versos de la Torá y enseñanzas de los sabios, que sean la esencia de la meditación.

Rabi Aizik de Homil dijo que en el futuro por venir la meditación será de forma espontánea, de una forma de conciencia natural. Se puede decir que en vez de extenderse en el pensamiento intelectual, el esquema según meditamos hoy, podremos saborear toda la profundidad del conocimiento a través de la meditación en los versículos mismos en los cuales está todo escondido a un nivel de “pequeño que guarda mucho”.

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